viernes, 5 de julio de 2013

Gente Excepcional

Nos pasamos la vida llegando a un sitio, buscando acomodo, haciéndonos al nuevo país, los nuevos proyectos y también la gente nueva. A veces, bastantes, coincidimos con gente conocida. A veces, las menos, alguien entre esa gente conocida, era ya un amigo.

Puede coincidir además el compartir casa con ese amigo, poder sentarse a discutir cosas sobre Sana'a, pero también hablar de música, de mujeres, del pasado y del futuro. Compartir una terraza, una vista a la mezquita, una conexión de internet y muchas incertidumbres. 

Llegar por las noches a casa, hacer deporte, cenar, ver una serie o simplemente sentarse en la terraza, compartir una botella y volver a las dudas e incertidumbres. 

Resulta que, por mucho que se discutan dudas, incertidumbres, anhelos, deseos, ilusiones, miedos, no se soluciona nada. Pero ayuda. Encontrar la complicidad en un contexto complejo, rodeado de riesgos, e intentar asimilar lo que el futuro nos propone es una gran ayuda. 

El problema, como en casi todo en esta vida es el timing. Llegamos meses más tarde, a mediados de la misión de otros, o cuando ya están a punto de finalizar. Llegamos cuando su historia en el país está ya casi escrita. 

También pasa al contrario, claro. Este caso es más sencillo, porque terminamos. Nos vamos. Nos escapamos de la irreal realidad que hemos vivido durante unos meses, o un año. Estamos pensando en los que vamos a volver a encontrar de vuelta a casa, en las vacaciones, en lo que nos espera después. 

El miércoles por la noche nos despedimos de Dan. Nos despedimos de Dan y de Christina, pero con todo el cariño que podamos sentir por Christina, nos despedimos de Dan. Nos emborrachamos juntos, Repetimos las mismas rutinas privadas aunque estuvieramos rodeados de gente que no se diera cuenta, repasamos mentalmente lo que habíamos discutido decenas de veces, y lo mandamos al aeropuerto. 

La resaca del día siguiente no tiene importancia. Se encontrará en Ginebra con amigos comunes se reíran con las historias que les cuente, de su resaca, y de las ya viejas anécdotas compartidas. 

A nosotros, nos queda el consuelo de que seguro vendrán otros amigos, conocidos o aún por conocer y que, como alguien dijo, y alguien reprodujo en un muro de Facebook: The one who has the taste for exceptional people, he ends up finding them everywhere o, Aquel que tiene el gusto por la gente excepcional, acaba encontrándola en cualquier parte. 

Nos vemos en Dublín!

lunes, 5 de noviembre de 2012

El Licor de Don Manuel

Ya de vuelta en Yemen, reviso las cosas que me he podido olvidar en casa o perdido por el camino, y evaluado si realmente las hubiera necesitado. O no.

Una vez más, mis aviones han salido y llegado a su hora, mi maleta ha llegado a destino al mismo tiempo que yo, y ha nadie le ha apetecido hacerse un bocata de jamón o chorizo con mis pertenencias. Reconozco además que, mi porcentaje de vuelos puntuales roza lo sobrenatural y que, al final, hasta le pillaré el gustillo al aeropuerto de El Cairo. 

En este aeropuerto me empiezo a sentir como por los pasillos de la Cruz Roja en Ginebra. Cuando llego y empiezo a deambular por los pasillos estoy completamente seguro de que me voy a encontrar a alguién conocido.

Los dos españoles con los que charlaba en el  tránsito también se quedaron asombrados cuando de repente una extraña, que no lo era tanto, vino a saludarme, muy contenta. Y es que, tras cinco horas de tránsito en el aéropuerto de El Cairo, hasta la aparición de tu antinguo profesor de matématicas se podría agradecer. De hecho, se agradece tanto que hasta me invitó a un helado de Haagen Daz. 

Ya lo sé, Eva, acepto muy fácil las invitaciones de cualquiera que se anima a pagar. No me da ningún reparo que una mujer me invite a un helado de chocolate y dulce de leche. Además, se tiene que tragar la historia de mi excursión por Ordesa con el grupo "Los que se apuntan a lo que sea con tal de no quedarse en casa" y el encuentro con Raúl. 

Raúl es que nos ha dado mucho juego durante toda la semana pasada, desde que nos lo encontramos en su negocio, "El Chocolate de la Abuela". Comimos chocolate y probamos licores. Hablamos de países, rutas en bicicleta y radio - aficionados. Boludeamos hasta la hora de comer, me olvidé un forro polar en la silla y completamos nuestras provisiones con sus especialidades.

Tan solo unas horas antes nos habíamos ido juntando por escalas. Con Angel en la estación de Huesca. Con Javi y Carolina en Atocha. 

Ninguno de los dos había identificado el punto de encuentro que había sugerido pero, como lo que tiene que salir bien sale bien, nos encontramos en mitad de la estación, con total naturalidad, como si lo hicieramos todas las semanas. 

No voy a contar ni lo que nos dijimos durante esos días, ni a describir los paisajes de Ordesa. Lo primero, porque forma parte de la intimidad del grupo. Lo segundo, porque mis adjetivos son demasiado vulgares como para pintar Ordesa en un papel. 

Ah, el grupo acepta nuevos miembros. La única condición, creo, es que simpaticen con las enseñanzas de Raúl. 

lunes, 1 de octubre de 2012

Sin Red

Así escribo, sin red, a la una de la madrugada, en Aden, al sur de Yemen. Aqui no hay casas de barro con ornamentos blancos, y se ven menos adolescente paseando con AKs que en el norte. Aquí se ven banderas de Yemen del Sur, un país que existía hasta que en el 92 fue anexionado. Se ven también las grúas del puerto, y los grandes depósitos cilíndricos que indican la existencia de petróleo.

También hay un hotel Mercure una playa para mujeres y un hipermercado. Hay helados de Baskins & Robins, que yo no conocía antes de llegar al país, farolas, carreteras asfaltadas y paneles de tráfico indicando direcciones.

Todo esto es la ciudad, fuera, se parece más al norte. Las ropas tradicionales, las mujeres que cubren su cara e incluso sus manos y las armas automáticas fabricadas en chinos. Porque si, los chinos tambíén imitan armas. Los populares kalashnikov aquí son chinos, igual que los iphones de los que explotan estridentes melodías.

La semana que viene vuelvo a Sada'a. De la playa a la montagna. Del pegajoso calor del sur a la agradable brisa que proporcionan los 2,200  metros de altitud. Aparcaré el Corolla que he estado conduciendo estos días para montarme en el Land Cruiser, que dicho sea de paso, solo conduzco los 500 metros que separan la casa de la oficina.

Hoy hace un mes que empecé mi misión en Yemen y he visto la ciudad antigua de Yemen, Aden, la ciudad petrolera del sur, y Sa'ada, el norte tradicional del país. En este mes, todavía no me hago una idea general de sus habitantes, cómo son en realidad, si están contentos con lo que tienen.

En los meses que me quedan, espero hacerme una idea, aprender algunas palabras más de árabe, organizar un poquito mejor la oficina, y correr mucho más rápido, mucho más lejos

Ah, y si se escapa alguna palabra que no va en su sitio, pues es que es media hora más tarde que antes, y antes ya era muy tarde.

domingo, 22 de julio de 2012

Mi amigo Hassan

Hassan es un árabe muy simpatico que tiene una tiendecita al lado de la oficina. En cierto modo, me recuerda a Monsieur Ibrahim, ese tendero protagonista del libro de Éric-Emmanuel Schmitt. 

Hassan vende mirinda, super - cola, galletas, samosas e insecticida. De vez en cuando, consigue huevos y la tienda se llena aun mas de lo habitual. Tambien me cambia dolares por libras sudanesas, me vende creditos para el telefono movil y atiende pacientemente las sugerencias que le hago sobre ciertos productos.

Hassan ha conseguido traer Coca - Cola a Bentiu. 

Definitivamente, creo que hoy Hassan y yo somos los logistas con mas éxito en esta región del mundo. 

Yo tengo mi Coca - Cola y mis colegas tienen combustible para sus vehiculos y generadores, comida y medicamentos para los pacientes de los hospitales.

Hoy, despues de hablar un rato con Hassan, y mientras saboreo mi Coca - Cola fria pienso que si, que mis dos meses aquí va a servir para algo. Que habrá gente con mejores condiciones de trabajo, mas preparados y que, esto repercutirá en una mejor atención a los refugiados.  


sábado, 7 de julio de 2012

Y el Sábado a la Escuela

Me ponía yo a escribir sobre Sudan del Sur, su primer aniversario, que se celebra el lunes, las dificultades de sus habitantes, y la lucha por la supervivencia de los recién llegados. Pensaba también mencionar las dificultades logísticas que afrontan o mejor dicho, que imposibilitan, toda acción humanitaria a gran escala. Yendo un poco mas lejos, hablaría sobre la imposibilidad de hacer salir del país el petroleo de sus campos, con el trágico impacto que esto tiene en la cuenta corriente del país.

Pero no, yo no hablo de esas cosas. Que hay otros que lo cuentan mejor, con mas información y una mayor audiencia. Yo hoy, he decidido hablar de un colega Sud Sudanes.

Esta manana, mientras paseaba por la calle principal, buscando un lugar donde comprar una Pepsi fría - mi tendero habitual es musulmán y estaba rezando - he notado una inmensa figura sonriente tras de mi. John, es un tipo de mas de dos metros de altura, que siempre se ríe. Ademas de reírse, es ingeniero. Probablemente el ingeniero mas grande que conozco. El caso es que, le he preguntado si iba a la iglesia - contando con las posibles opciones de ocio que ofrece Bentiu, si te encuentras a alguien conocido el fin de semana por la calle, probablemente va a la iglesia - .

Pero no, John, iba a la escuela. Un ingeniero de mas de 2 metros que va a la escuela. MMMMMM. Raro. Luego me ha explicado. Los sábados y domingos va a dar clases a una escuela local. Y no, no es que paguemos mal y se busque un sobresueldo. Dedica sus fines de semana a dar clases gratis en una escuela local.

En fin, que lo que quiero decir es que, estoy en un país que se ahoga en el lodo de sus pistas, se desangra por ese oleoducto bloqueado desde Karthoum, donde faltan escuelas y hospitales.

Pero tiene a gente. He conocido a poca gente local y, cuando llegue el momento de irme, no habré conocido a muchos mas pero, por el momento, me he encontrado con gente que tiene ilusión y que, quiere ayudar a su gente. Imposible saber si hay muchos como los que he encontrado pero, me da un poquito de esperanza.

jueves, 26 de abril de 2012

Oueah


Antes de llegar a Oueah, te puedes encontrar con un grupo de baduinos en el medio de la carretera, probablemente un camion etiope recien accidentado, camellos que se dedican a rumiar el paso del tiempo y de los vehiculos. 

Al llegar a Oueah, te encuentras con un pequeno pueblo sombrio, con gente inhospita que se dedica a hacer gestos obscenos a los viajeros que deben atravesar la poblacion. 
Si yo fuera habitante de Oueah, tambien estaria hasta los cojones de los vehiculos que pasan. Mas de 1 000 trailers atraviesan esta poblacion todos los meses en direccion a Etiopia, multitud de autobuses y todo terrenos. 

Nadie se pasar a no ser que alguna cabra remolona no quiera apartarse de la carretera. 
Me encantaria decir que yo he roto la tendencia, que he decido a mi chofer que se pare, que quiero dar una vuelta por Oueah, pero no. Al aproximarme Oueah, lo unico que hago es asegurarme que mi puerta esta cerrada, subir la ventanilla y seguir escuchando la musica de mi ipod. 

Ah, Oueha esta en la carretera de Djibouti a Etiopia, antes de llegar al desvio de Arta, o al punto kilometrico PK51, donde se bifurca la ruta en direccion al lago Assal. Nosotros pasamos en direccion a Ali Sabbieh, nuestra base de operaciones en el terreno. Disponemos de internet y conexion telefonica a no ser que haya visita presidencial. Tambien tenemos agua corriente y electricidad casi continua. 
El Hotel Palmeraie es nuestro segundo hogar. Tienen Heineken, Coca-Cola y Zumos de Naranja. Puedes comer spaghettis, pollo o steak y, de vez en cuando ves turistas americanos o franceses. Marcianos. 
Entiendo el  visitar el Lago Assal, ir a bucear al Mar Rojo, hacer Trekking en las montanas de Arta o descansar en las playas de Tadjoura. 
Pero Ali Sabbieh? 

De verdad, que no hay nada. Desierto y piedras del desierto. Cabras y Camellos. Una viaja via de tren y un pequeno vagon, abandonado. 

A mi, porque me han pagado por venir, que si no ...:-) 


viernes, 13 de abril de 2012

La Feria del Libro

Era el único ejemplar y, tras una mañana de deambular por las casetas del Parque Ramón Acín, sin encontrar nada que me llamara la atención, empecé a ojearlo con un poco mas de detalle. Contaba la historia de un contrabandista que, por el paso de Canfranc, durante la segunda guerra mundial se dedicaba a, traficar con todo tipo de mercancías de un lado al otro de la frontera.


Un tipo duro al que, las penurias y sentimientos de los judíos venidos de toda Europa no le hacían reducir su tarifa habitual.

La librera, que desde hacía un rato me miraba con una mezcla de curiosidad y aburrimiento, seguía mis movimientos callada, hasta que, decidí preguntarle.

« Si, conozco el libro. No es una historia real o, al menos, no está basada en datos históricos reales. Podría ser que sí, que hubiera existido un Contrabandista Nacido en Canfranc, o en Villanua, que conociera como la palma de su mano todos los pasos, escondrijos naturales y oportunidades que los Pirineos ofrecían a los buscadores de fortuna y otros personajes huyendo de la historia. No hay más ejemplares porque fue una tirada muy pequeñita, un riesgo asumido por una diminuta editorial Zaragozana, quizás conmovidos mas por la ilusión con el que la chica transmitía el producto que con la calidad del relato ».

Pague, lo metí en mi bolsillo y seguí andando. Antes de llegar al final de las casetas, sentía ya el libro quemar dentro de mi bolsillo, y mis ansias por conocer más de este oscuro personaje y por saber si, como en todas las historias clásicas, iba a transformarse tras encontrar, entre las personas a las que ayudaba a cruzar, a una mujer.

Decidí entrar en el Parque Bar, buscar una mesa un poco apartada, pedir una cerveza bien fría y, abrir el libro. El contrabandista, que a estas alturas ya sabía que se llamaba Florencio Tolosana, era un tipo rudo, de pocas palabras y menos vicios. Trabajaba para vivir y, desde el final de la guerra civil, cuando había vuelto a Canfranc, pasaba la mayor parte del tiempo en el monte.

No parecía tener cuentas pendientes con nadie en el Valle del Aragón. Ningún falangista intento que lo detuviera ni, en los círculos de los represaliados se conocía historias de abusos contra los camaradas fieles a la republica.

Debía ser pues lo que parecía, un hombre sin un pasado interesante que contar y con un incierto y duro porvenir.

Parece ser que, después de su llegada, y aprovechando el éxodo de los republicanos hizo un buen negocio, abasteciendo a los vencedores, al mismo tiempo que hacia cruzar a los vencidos. Nadie nunca tuvo un reproche, era discreto, callado y proveía de lo que necesitaban a aquellos que tenían con que pagarlos. Nadie hacia preguntas.

Poco a poco, el negocio fue cambiando. Los alemanes ocupaban Europa, la represión contra los vencidos en España suavizaba y un flujo de gente en sentido contrario, buscando llegar a Portugal se acercaba a los Pirineos. Alguien, al otro lado de la frontera, le proporciono sus primeros clientes, una familia alemana que dados los todavía buenos contactos del padre de familia, había conseguido salir de Berlín tan pronto como las primeras hostilidades hacia los judíos se habían declarado.

Después de 3 días de viaje en el, todavía rutilante Mercedes que habían vendido en Pau, consiguieron llegar al borde de la frontera. Allí, sus distinguidas ropas, poco apropiadas para lo que se avecinaba, atrajeron pronto la atención de los « con seguidores » y pronto, estuvieron en manos de Florencio.

Parece ser que sus primeros clientes no fueron fáciles, aunque le procuraron pingues beneficios. Gente de la clase alta alemana, que lo trataban como a un criado analfabeto. Florencio, que solo hablaba el francés justo para comunicarse con los que le proporcionaba las mercancías en Urdos, no conseguía comunicarse con esas gentes.

En realidad tampoco lo necesitaba. Lo único que necesitaba es que, le dieran la mitad de la suma acordada al principio del trayecto y, la otra mitad, una vez estuvieran en la estación de tren de Canfranc, donde partirían hacia sus nuevas vidas.

Llegada ya la hora de comer, decidí comerme un bocadillo allí mismo y seguir leyendo, seguir buscando el punto de inflexión, la transformación de este zafio, vulgar superviviente en un luchador por la libertad.

Así que, mientras devorada rápidamente mi bocadillo, seguía dándole vueltas a esta transformación, o quizás al encuentro con ese famoso músico que por las noches en los pirineos, recordaba, afinando su viejo violín las noches de la Opera de Viena.

Ensimismado como estaba en leer, comer y desarrollar mi propia historia paralela, no me había dado cuenta de que el Parque Bar se había ido llenando de gente y de que, precisamente, la librera estaba sentada a solo dos mesas de la mía.

Tras un intercambio de sonrisas, decidió trasladarse a mi mesa y, al confirmar que, estaba leyendo el libro que le había comprado, me pidió disculpas: « no he sido todo lo sincera que hubiera debido. El libro que te ha llevado y que, veo que estás leyendo, lo he escrito yo, pero me ha dado un poco de corte decírtelo porque, tú debes ser el único desconocido que lo ha comprado. El resto, parientes, amigos y compañeros de la Editorial ».

“Ah, también te he mentido en otra cosa, Florencio, era mi abuelo”





sábado, 24 de marzo de 2012

No soy un fulano con la lágrima fácil


Hoy se ha muerto mi abuelo. No es que hubiera podido intercambiar unas últimas palabras con él antes de morir, ya que hacía ya algún tiempo en el que solo transmitía emociones a través de su mirada, sus lágrimas o su sonrisa, pero, me hubiera gustado poder intercambiar esa última mirada.

Así que estoy en un país extraño donde, más que nunca, me siento un extranjero, rodeado de gente entre la que me siento, más que nunca, un extraño y donde no tengo un amigo o una amiga al que poder abrazar y dejar que me abrace.

Mi hermana siempre me pregunta, siempre intenta comparar si estoy mejor en un sitio que en otro. Hoy, el día de la muerte de mi abuelo, a miles de km de Europa, en Yibuti, ya no puedo decir que cada sitio y cada situación son diferentes.

Hoy, me siento aislado e impotente. Hoy, no le voy a decir a nadie de mí alrededor que se ha muerto mi abuelo y, si me ven llorar, simplemente diré que es el polvo del desierto que, una vez más, irrita mis ojos.
No voy a decir que mañana será mejor, porque no lo será. Seguiré haciendo mi trabajo, seguiré compartiendo mi espacio, que no mi vida con unos compañeros con los que no tengo nada más que compartir y esperare el momento de partir. Contare una vez más los días para partir, m -1, como siempre, pero con más ganas.  

Hoy, lo único que quiero es estar con mi familia, y a cambio, solo tengo arena de desierto, nimios problemas logísticos o administrativos y un plato de pasta fría.

Me queda un mes de Yibuti, y un contrato para varios meses con proyectos en diferentes países, diferentes circunstancias. Cuando se termine, daré por concluida mi experiencia humanitaria. Hare un resumen de lo vivido, sentido y sonado y


Y bueno, me inventare otra vida, en otro lugar,
 Más cerca,
Más cómodo.

viernes, 28 de octubre de 2011

What about me?

It has been a long time since I last wrote in English in this blog. I assume that, my English - speaking friends do not even bother anymore to check if there are any news, short stories or just a photo or indication about where I am.

So today, and before we cut the generator (so i have to cut de crap fast and go straight to the point), I am doing so. Giving an update, telling what I have been doing and what I am supposed to do next.

I am writing from Makanza, or Mankanza, a small village on the beach of the Congo River, in the DRC side. I have come here as part of a routine visit to all the bases where we have on - going projects. That might not mean a lot to you now but, this means 3 bases in the Equator, 1 in the Oriental Province, 2 bases in Sud Kivu and 1 Base in Katanga, plus de coordination bases in Bukavu and Kinshasa. Telling it this way, it sound a lot, and it is loads of kilometres in a huge country as DRC, where there is mostly no roads, and most of the communications must be done using the river/lake transport and the aleatory ECHO or UN flights.

So that's the place where I am. You know what I do. Logistics. So I am responsible to the logistics in this country for the organisation, trying to bring in goods and people, storing them (the goods) and taking them to the places where they are needed (the goods, and the people). Basic staff if I had not told you before about the transport complexities of this country.

When I say that I do it, it is not true. There is always somebody else who does it. I try to put all of them together, get them deliver good results, protect them from the frustrations of all expats who thinks that, if DHL can deliver with 24 hours from London to New York, it should not be so difficult to do the same within one country.

And they are so wrong. It hardly ever happens. When we, all logisticians, sit together around one table we share deceivement, anger and, definitely some beer. Because beer is the only thing is always there, on time, even cold. Price is other story. The prices raise as the difficulties with the transport, and believe me, to bring beer into some places of this country is really difficult.

So that what I do, and what I have been doing for nearly the last six months and. in one month I am finishing doing so. I will pack my bags, and fly back to Spain, get some real food, good sleep, clean my bike, and start getting ready for my skiing season.

What's next? Maybe is up to ICRC, or any other organisation who proposes me to go somewhere else.May be I find a job in Europe. May be you have some tip, a brilliant idea or you need a logistician, cost optimiser,  project enable, or whatever you can call me these days.

The only sure thing is that, in one month, I will be back in Huesca. And that alone already sounds great :-)

martes, 25 de octubre de 2011

Yo le quería contar que el azar ...

     No voy a dar un premio al quién siga con la letra de la canción, que sois muchos y muchas...simplemente me ha venido a la cabeza cuando, al abrir el blog, se me han acumulado las ideas que tenía guardadas, lo que yo quería contar, con la petición de noticias, de historias de viajes y visitas.

      Supongo que es más sencillo ir a lo segundo, dado que no tengo nada extraordinario que contar, ni ninguna histora ha quedado bien terminada.

     Estoy en un sitio que se llama Makanza. Un sitio donde se llega en lancha, navegando por el río Congo, donde no hay coches ni Coca - Cola.

       Interesante lo de la Coca - Cola. Es el primer lugar del mundo donde he estado, hay un bar, y no hay coca - cola. Hay Primus y Turbo - King. Y hay granadina Vital'O.

        El dueño del bar me dijo que, un día dejaron de traerla. Me ha prometido que, al próximo repartidor que pase, le pedirá un par de cajas. Si. Cuando pase. Aquí no hay e - procurement, SAP, fax, ni siquiera teléfono. La gente aprovecha las embarcaciones que pasan para envíar mensajes de un poblado al otro. La verdad es que, pensándolo bien, es lo más parecido al "beer game" que he visto.* 

         No le dije que, la Coca - Cola llegaría demasiado tarde, que mi barco partirá el sábado y que, probablemente no vuelva nunca más a Makanza. 

         Si todo va bien, esa Coca - Cola me la tomaré en Mbandaka, al llegar después de 7 horas de barco y de allí, a Kinshasa, y de Kinshasa a Bukavu. Y en Bukavu, en Bukavu a contar los días para el fin de la misión.

Tic tac, tic tac, tic tac

* Nota para los no logistas: el "beer game" es un juego que se emplea en los cursos para demostrar la importancia de la comunicación entre los diferentes eslabones de la cadena de aprovisionamiento. Toma ya! 


lunes, 11 de julio de 2011

Y por qué no había pensado en ésto?

Un mercadillo. Un libro que llega de Hawai hasta Londres. Pegamento, tapas viejas y olor a mar. Me encanta.
También el comentario de María...le pondré yo el final
Laura Andres
  • Hola Ruben, que tal estas? y donde? Hace unas semanas lei tu post en Facebook en relacion a los libros y te quería haber escrito entonces, pero me fui de vacaciones y se me fue pasando, asi que te escribo hoy sin falta, no se si te servira de inspiración... Hace unos meses estaba hablando con una amiga sobre libros y me recomiendo dos, uno era The Horse Boy, y otro Memoirs of a Geisha. Al cabo del tiempo me compre el primero. Asi que llevaba en la cabeza comprarme el segundo cuando lo viera. Vivo en Greenwich y hay un mercado muy chuli los fines de semana, venden de todo, comida de todas partes, muniecos, bolsos, camisetas ect. pero también hay un puesto de libros de segunda mano, y cual seria mi sorpresa al encontrarme el de Memoirs of a Gheisha, asi que por £3 libras no lo dude ni un segundo. Se nota que esta usado y bien usado, (le tuve que poner pegamento en el lomo para sujetar unas paginas que se habían despegado). A mi eso no me importabal, total, me iba a llevar el libro a la playa y estaba preparada a que se llenara de arena, agua, crema... Estando en casa vi la dedicatoria: Sheila P_lcus March/April 1999 Hawaii Me hizo gracia que el libro hubiera viajado de Hawaii a Londres y yo me lo fuera a llevar a Espania. Creo que una vez que me lo lea se lo pasare a una amiga que le encanta leer pero la pobre destroza los libros, incluso los que no son suyos... Asi este ya viene roto y no se sentira tan mal. Lo firmare tambien y le dire que lo siga pasando... Bueno, un beso Laura

sábado, 25 de junio de 2011

Historia de un libro

Ese va a ser el título. Decidido. Y voy a contar de qué va el tema. Incluso a pedir vuestra ayuda. El narrador de mi historia es un libro. Un libro que pasa de mano en mano, y viajando en el fondo de una mochila.

El lugar donde empieza la aventura de este libro, que nos cuenta las costumbres sobre sus dueños, lo he puesto yo.

De momento no os lo voy a dejar leer, pero estoy bastante orgulloso. Un primer capítulo clásico, de introducción del personaje principal, el libro, y de cómo empezó su peregrinar, desde una librería en Londres, hasta un pequeño pueblo de un país en África Central. Describe a su primer compañero de viaje – que sería yo – y sus manías – las mías – y al que se lo entrego.

A partir de aquí, la novela tomará el rumbo que queramos. Cuál será su nuevo destino? Si alguna vez habéis llevado un libro con vosotros durante un viaje, y, después de leerlo se lo habéis entregado a alguien, o habéis soñado con hacerlo, o lo queréis inventar, y os apetece que lo sume al viaje de mi libro, enviadme unas líneas.

Así es que todavía no sé cómo acabará sus días este libro de bolsillo. Espero que me ayudéis a decidirlo.

jueves, 16 de junio de 2011

Reconciliación

Hace muchos, muchos años, en una escuela de una pequeña ciudad de provincias, venían misioneros a mostrarnos diapositivas en las que nos enseñaban las condiciones de vida en África y la labor que desempeñaban.

Imagino que, en aquel entonces, todavía sentíamos que esos misioneros, amigos de nuestros profesores, eran unos héroes. Se enfrentaban a mil peligros, y viajaban a lugares desconocidos para ayudar a los más necesitados.

Los años pasaron, y en los libros de historia nos encontramos las barbaries cometidas en el nombre de la fe, escuchamos la desenfocada visión de la realidad por los dirigentes (y casi nunca diligentes) gestores de la iglesia y, siguieron apareciendo escándalos de además se trataban de encubrir.

Poco a poco, todas esas negativas imágenes fueron arrinconando el recuerdo de esos misioneros viejecitos que venían a contarnos historias y enseñarnos diapositivas.

Hace un mes que he llegado a Bukavu, en la República Democrática de Congo. En este mes, he conocido ya parte de la realidad del país. De esa realidad esbozada en diversos medios pero siempre sesgada por los mismos.

La Realidad constatable y que yo he constatado es: un país con una densidad de población inferior a la de los Monegros, unas infraestructuras paupérrimas, corrupción en diferentes estamentos, regimientos del ejercito que desertan en bloque, guerrillas que siguen campando a sus anchas por determinadas zonas del país y un puñado de ONGs que luchan por conseguir los fondos asignados por las grandes potencias internacionales.

También he encontrado algo más. Una monjita de Vigo, de más de 80 años, que dirige un taller de costura, en el que jóvenes adquieren un oficio y que, con los beneficios, mantiene una escuela y un pequeño centro ortopédico. También un taller de capacitación profesional donde adolescentes aprenden a ser torneros o soldadores bajo la supervisión de un viejo padre francés.

Estos dos encuentros y un pin de antiguo alumno salesiano en la solapa de un empleado de UNICEF me han devuelto momentáneamente a la niñez, a una pequeña sala de actos, rodeado de un grupo de mocosos, mirando las obras de esos misioneros viejecitos, que no tratan de inculcar la fe, sino un oficio, y las ganas de vivir en unos jóvenes que no tienen nada.

Cuando vuelva a Huesca, y pase por delante de mi antiguo colegio, recordaré a esos religiosos y religiosas que deciden hacer algo por otra gente, de verdad, y no a cambio de besar crucifijos o proclamar la existencia de lo intangible. Supongo que como al escribir estas líneas sonreiré y recordaré la sonrisa de ésos que dan sin esperar recibir nada a cambio.

lunes, 2 de mayo de 2011

La vida en una piragua

Hace poco más de un mes, partí una vez más, hacia lo desconocido. Una vez más tenía que llegar a un entorno nuevo, adentrarme en una cultura diferente e intentar hacer mi trabajo de la mejor manera posible. Hoy, dejo atrás más de un mes de intenso descubrimiento de África. En el camino he descubierto un río mítico por el que navegó La Reina de África, las piraguas, lo que es una jungla tropical y a la humanidad en su estado más básico de subsistencia. He recorrido 300 km de río con un equipo al que he hecho trabajar de sol a sol, cargados de mercancías para gente a la que normalmente no le llega nada. Me he adentrado en la jungla, a veces abriendo paso a machetazos, he descubierto la fertilidad infrautilizada del ecuador congoleño y, me he encontrado con tribús de pigmeos que sobreviven a base de lo que pueden recolctar de los árboles y pescar en sus ríos. Durante este camino, ademas de mi equipo, mi cámara y mis libros han sido mis fieles acompañantes. Éstos últimos, escritos por Italo Calvino, David Trueba y Eric - Emmanuel Schmidt, se quedan aquí, a la espera de que alguién los vuelva a llevar en otro viaje. Me dejan una idea, o mejor, dos. Un proyecto sobre un libro, o un viaje. O un libro que viaja. No lo sé. Os lo contaré en otro momento.

viernes, 25 de marzo de 2011

Dejarse llevar...

Suena mientra preparo la maleta:
Copenhague.
Me acompañará durante el viaje. Dentro de un nuevo ipod cargado de música francesa, otras canciones de Vetusta Morla, y La Sonrisa de Julia, y los clásicos, si, Radiohead y Sabina, voces de cantoras de jazz que me susurran al oído mientras, duermo, leo o escribo sentado en mi asiento del avión.
El corría nunca le enseñaron a andar se fue [...]
Otra vez he preparado una maleta hacia lo desconocido.
Ahora tengo más práctica. Sé lo que me puede hacer falta. Lo que agradecerán mis nuevos compañeros.
Películas nuevas, jamón, aceite de oliva.
[...]El valor para marcharse el miedo a llegar [...]
Mosquitera, barritas energéticas y ropa cómoda para el terreno.
[...] Dejarse llevar suena demasiado bien [...]
Ilusión por pisar el terreno, por sentir que puedo ser útil, pero sobre todo, que puedo ser capaz.
Trabajar bajo la presión del tiempo, llegar con más problemas enumerados que soluciones discutidas.
[...] Jugar al azar [...]
Y la esperanza de poder cruzar a Kinsasha un fin de semana.
[...] Nunca saber donde puedes terminar o empezar [...]

sábado, 19 de febrero de 2011

La Inspiración (y 2)

Se me preguntó ayer, a raíz de una entrada en otro blog, sobre la inspiración. sobre cuánto tardo en escribir algo. Mi primera respuesta fue prácticamente inmediata. Muy poco. Después, y tras darle vueltas a la pregunta, creo que he llegado a la respuesta. Tardo poco porque nunca me pongo a escribir. Al menos no como una obligación. Escribo mucho. Y lo hago sobre diferentes temas. A veces intento plasmar algo de lo que siento. Otras, contar lo que he visto o lo que he leído. También desarrollo, de vez en cuando, alguna ficción, aunque parte de una base más o menos real, e incluso auto - biográfica. Pero. En todos los casos anteriores, solo lo hago cuando la idea me viene a la cabeza. O mejor aún, cuando ya está en la cabeza. Es por ello que, una vez que empiezo a plasmarla sobre el papel, o la pantalla, fluye sola. Otra cosa es cuando he tenido, o tengo, que desarrollar un documento para mi trabajo. Es diferente. Estoy sentado delante del ordenador. Suelo tener una pizarra. Rotuladores de varios colores. diferentes documentos y libros abiertos. Notas en varios cuadernos. Me levanto. Voy al baño. Vuelvo. Me paseo. Me acerco a la máquina de chocolatinas o, a la nevera si estoy en casa. En algún momento, quizás, vendrá la estructura, parte del contenido, las recomendaciones que quiero dar y el tono que debo adoptar. Es igual. En este caso nunca será perfecto. No sé si, me pusiera a escribir profesionalmente, con la obligación de llenar el folio sobre un tema me pasaría lo mismo. Simplemente lo hago. Escribo sobre un tema cuando se me ocurre, donde se me ocurre y utilizando los medios que tengo en ese momento a mi alcance. Páginas en blanco de libros que estoy leyendo, libretas que tan amablemente dejan los hoteles en sus mesillas, el ordenador, el teléfono, la moleskine o el folleto del parque de atracciones. Hay veces que reviso, corto, pego o recompongo. En otras ocasiones vuelco directamente lo escrito sobre este blog. Algunas veces acaban en la librería, olvidadas reflexiones dentro de un libro que no volveré a abrir, en salas de embarque o en habitaciones de hotel. Supongo que siempre guardo la vanidad de pensar que alguién descifrará mis garabatos y se quedará pensando un ratito sobré lo que he intentado expresar.

jueves, 10 de febrero de 2011

Un descubrimiento

En una mesilla de alguien amado. Allí me encontré a Eric – Emmanuel Schmitt. Un libro de bolsillo, ajado de viajar varios continentes. Con un descapotable levantando el polvo del camino y dejando el sol tras de sí. “Ulises sobre Bagdad”.

La Odisea de Saad Saad, que significa, como el propio Saad Saad indica, esperanza en arabe, tristeza en inglés. Un viaje de supervivencia para el, y un viaje de descubrimiento para mí.

Saad Saad no quiere ser un héroe. Solo quiere salir de su país. Llegar a un lugar mejor donde podrá ahorrar para sacar adelante a su familia, que sufre en Irak.

Este viaje además me introduce en el autor. Un escritor sensible, con una inmensa capacidad de retratar los sentimientos de los protagonistas con pocas palabras, de descubrirnos paisajes, lugares y personas en breves párrafos.

Y tras Saad Saad, me encuentro con Joseph. Y Joseph es “el hijo de Noé”. Otro viaje. Otra aventura por la supervivencia. Esta vez lo encuentro en, sorpresa, una librería de Huesca, y sorpresa, en el francés original.

Y sigo a Joseph en su tránsito hacia la adolescencia, en una doble vida que esconde el más peligro secreto. En una adaptación a los ritos cristianos mientras, por la noche, se sigue instruyendo, junto al Padre Pons, en las tradiciones hebreas

El también viaja, aunque no sepa el porqué, viendo sobre sus ojos de años lo que pasa alrededor suyo sin acabar de comprenderlo.

Ahora que tengo frente a mí estos dos libros. Los dos evocando un gran viaje de la historia de la humanidad, los dos transmitiendo el viaje de una persona solo deseo poder encontrarme el tercero de los viajes narrados por Schmitt.

No lo voy a encargar. Estoy seguro que me encontrará en el lugar más insospechado, para llenar las horas de otro viaje, el mío hacia un lugar ahora, y todavía, no definido.

viernes, 28 de enero de 2011

Invisible

Vacaciones...qué hacer...qué leer... Me encuentro mirando la estantería. Muchos libros pendientes. Y de repente, encuentro Invisible. Auster para mi puede ser un acontecimiento, un estremecimiento o, una tremenda decepción. Es mi Sabina en escritor. Sé que, probablemente no escribirá nada que me guste tanto como lo que ya ha escrito. Pero tantos años de buenos momentos, tantos años de tocarme el corazón y de incitarme a imitar su forma de escribir, merecen el comprar su nuevo libro. Escuchar su nuevo disco. Así que tengo Invisible y tiempo. Una tetera, un buen sofá, la luz adecuada y las madrugadas. Y me encuentro otra vez con él. Desarrolla la historia en varios planos. La historia de un brillante estudiante de letras en Columbia. Este brillante estudiante cuanta la primera parte en primera persona, para luego, dejar paso a un narrador externo, un antiguo colega de universidad que, a través de la lectura de un manuscrito. pone voz a la historia de nuestro protagonista. Y te atrapa. La historia te atrapa. Necesitas saber más. Necesitas que el protagonista te cuente más cosas de su vida. Y en parte lo hace. Faltan fragmentos. Elementos que te permitan saber si ha disfrutado de una vida adulta plena, si realmente, ese brillante estudiante ha lamentado lo que hizo o lo que no hizo durante toda su vida. El final. Supongo que a cada uno le gustan los finales de forma diferente. A mí, me parece embarullado, en cierta parte innecesario y mal conectado con el hilo de la historia. Tal vez a ti te guste.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Mi Equipaje

Y hoy empiezo a preparar mi equipaje.
De una forma similar empecé el trayecto que ahora voy a emprender en el sentido contrario.
Varias cosas son ahora diferentes.
Tengo la misma bolsa roja, y la pequeña mochila, pero también 100 kilos para un baúl hecho a medida y otra mochila. Tengo varios documentos que hay que rellenar, alfombras, patouhs, ánforas y sillas.
También tengo más ropa, la mayoría con la marca de la implacable plancha de Nassima - la señora de la limpieza - aunque gran parte se quedará en Kabul.
Pero no es de ese equipaje del que quería hablar hoy. El equipaje en el que he empezado a pensar esta mañana de viernes es uno más pesado, aunque no haya límite para él en el aeropuerto.
Partí hace ahora un año cargando con un puñado de incertidumbres, ilusiones y algo de miedo. Dejaba un entorno conocido, para lo bueno y para lo malo, un grupo de grandes amigos que me esperan en diferentes partes del mundo, una lista de buenos restaurantes, un mapa gastado de tanto llevarlo en el bolsillo del maillot y una habitación en casa de mis padres llena de trastos, libros y recuerdos.
Y a cambio, qué esperaba encontrar en Kabul? Una guerra, grandes movimientos de gente, distribuciones, quizás una cometa volando entre las ruinas de 2,000 años, burkas, americanos, afganos, gente comprometida y gente aprovechada o que busca aprovecharse de la tragedia del prójimo.
Pues me he encontrado parte de éso. Claro que si. He visto tanques y burkas, americanos con chalecos antibalas y toyotas llenos de afganos. He visto no una cometa, sino cientos. He visto ruinas, pero también gente reconstruyendo. Me he encontrado con gente que quiere aprender, que quiere trabajar, y que si, como todos, que también quiere un futuro mejor.
He descubierto lo que es la logística sin SAP, que tengo cara de afgano, o de iraní, que las calles de Kabul están llenas de polvo y he confirmado una suposición, que hay rostros maravillosos, también en Afganistán. Sobre todo en Afganistán.
He hecho un puñado de amigos que espero llevar conmigo para siempre, he leído libros que me han gustado, y otros que que probablemente se borrarán - o se han borrado ya - de mi memoria.
He escuchado parte de mi vieja música, pero también nuevas canciones. Sé ahora que Radiohead suena tan bien en el Heineken music como en una terraza de Kabul, con la llamada a la oración acompañando.
Me llevo la satisfacción de lo que creo ha sido un trabajo bien hecho y, la pena, de no haberlo podido hacerlo mejor en ciertas situaciones.
Guardaré también un poco ese sentimiento de "y si...", aunque no como un remordimiento, puesto que, por una vez, si, por una vez, creo que he hecho de verdad lo que tenía que hacer. Lo que podía hacer.
Tengo además ahora ideas más claras sobre lo imprescindible para sobrevivir a una misión ICRC. El equipaje estándar: el tissot, la bolsa north face, la nespresso en la cocina, lo altavoces y el proyector en el salón, el botoquín con antimosquitos, paracetamol, pastillas para dormir y sales para la diarrea. El necesario blindaje que se le debe hacer al corazón para que éste no sea acribillado por la imágenes cotidianas, con la intensa convivencia con el entorno.
Guardo también un cuaderno con notas que, por vagancia, por timidez o simplemente por falta de cohesión no he traspasado a este blog y que, a lo mejor, una vez revisadas, forman parte de otra entrada. O no.
Sigo teniendo muchas incertidumbres, miedos y dudas que, espero se vayan despejando en las diferentes etapas del viaje que ahora comienzo.
Seguro que en las siete horas de vuelo a Frankfurt, sentado al lado de Thao, pensaré mujeres, lugares y olores. Si olores, de la gente, de la comida, de los perfumes, de las calles, y organizaré parte de esta vivencias, que simplemente pasarán a ser recuerdos.
Entre Frankfurt y Ginebra me habituaré a los rostros centro-europeos, a los pasillos sin suciedad, a las mujeres sin cubrirse.
Y en Ginebra empezaré a escribir mi nuevo futuro.

sábado, 31 de julio de 2010

Guantanamera II

Contaba un día lo que pasaba al viajar con un pasaporte español. Pues bueno, eso era antes del mundial. Antes de ganar a Alemania. Tres de la mañana. Embarque al vuelo de Emirates en dirección a Kuala Lumpur. La azafata me comunica que ELLA va con España. Pero desde el principio. No como la OTRA, que se ha subido al carro de España solo porque el pulpo ha dicho que ganábamos. Y llego al control de pasaportes. Y una señorita malaya, con velo, me sella el pasaporte casi sin mirarlo me desea suerte y me regala una sonrisa. Y me registro en el hotel. La recepcionista me informa que de que en una de las salas se podrá ver la final. Y tengo que volver. Y en el registro de pasajeros, la azafata me da la enhorabuena y me ofrece un buen sitio en el avión.
Posted by Picasa