viernes, 25 de marzo de 2011

Dejarse llevar...

Suena mientra preparo la maleta:
Copenhague.
Me acompañará durante el viaje. Dentro de un nuevo ipod cargado de música francesa, otras canciones de Vetusta Morla, y La Sonrisa de Julia, y los clásicos, si, Radiohead y Sabina, voces de cantoras de jazz que me susurran al oído mientras, duermo, leo o escribo sentado en mi asiento del avión.
El corría nunca le enseñaron a andar se fue [...]
Otra vez he preparado una maleta hacia lo desconocido.
Ahora tengo más práctica. Sé lo que me puede hacer falta. Lo que agradecerán mis nuevos compañeros.
Películas nuevas, jamón, aceite de oliva.
[...]El valor para marcharse el miedo a llegar [...]
Mosquitera, barritas energéticas y ropa cómoda para el terreno.
[...] Dejarse llevar suena demasiado bien [...]
Ilusión por pisar el terreno, por sentir que puedo ser útil, pero sobre todo, que puedo ser capaz.
Trabajar bajo la presión del tiempo, llegar con más problemas enumerados que soluciones discutidas.
[...] Jugar al azar [...]
Y la esperanza de poder cruzar a Kinsasha un fin de semana.
[...] Nunca saber donde puedes terminar o empezar [...]

sábado, 19 de febrero de 2011

La Inspiración (y 2)

Se me preguntó ayer, a raíz de una entrada en otro blog, sobre la inspiración. sobre cuánto tardo en escribir algo. Mi primera respuesta fue prácticamente inmediata. Muy poco. Después, y tras darle vueltas a la pregunta, creo que he llegado a la respuesta. Tardo poco porque nunca me pongo a escribir. Al menos no como una obligación. Escribo mucho. Y lo hago sobre diferentes temas. A veces intento plasmar algo de lo que siento. Otras, contar lo que he visto o lo que he leído. También desarrollo, de vez en cuando, alguna ficción, aunque parte de una base más o menos real, e incluso auto - biográfica. Pero. En todos los casos anteriores, solo lo hago cuando la idea me viene a la cabeza. O mejor aún, cuando ya está en la cabeza. Es por ello que, una vez que empiezo a plasmarla sobre el papel, o la pantalla, fluye sola. Otra cosa es cuando he tenido, o tengo, que desarrollar un documento para mi trabajo. Es diferente. Estoy sentado delante del ordenador. Suelo tener una pizarra. Rotuladores de varios colores. diferentes documentos y libros abiertos. Notas en varios cuadernos. Me levanto. Voy al baño. Vuelvo. Me paseo. Me acerco a la máquina de chocolatinas o, a la nevera si estoy en casa. En algún momento, quizás, vendrá la estructura, parte del contenido, las recomendaciones que quiero dar y el tono que debo adoptar. Es igual. En este caso nunca será perfecto. No sé si, me pusiera a escribir profesionalmente, con la obligación de llenar el folio sobre un tema me pasaría lo mismo. Simplemente lo hago. Escribo sobre un tema cuando se me ocurre, donde se me ocurre y utilizando los medios que tengo en ese momento a mi alcance. Páginas en blanco de libros que estoy leyendo, libretas que tan amablemente dejan los hoteles en sus mesillas, el ordenador, el teléfono, la moleskine o el folleto del parque de atracciones. Hay veces que reviso, corto, pego o recompongo. En otras ocasiones vuelco directamente lo escrito sobre este blog. Algunas veces acaban en la librería, olvidadas reflexiones dentro de un libro que no volveré a abrir, en salas de embarque o en habitaciones de hotel. Supongo que siempre guardo la vanidad de pensar que alguién descifrará mis garabatos y se quedará pensando un ratito sobré lo que he intentado expresar.

jueves, 10 de febrero de 2011

Un descubrimiento

En una mesilla de alguien amado. Allí me encontré a Eric – Emmanuel Schmitt. Un libro de bolsillo, ajado de viajar varios continentes. Con un descapotable levantando el polvo del camino y dejando el sol tras de sí. “Ulises sobre Bagdad”.

La Odisea de Saad Saad, que significa, como el propio Saad Saad indica, esperanza en arabe, tristeza en inglés. Un viaje de supervivencia para el, y un viaje de descubrimiento para mí.

Saad Saad no quiere ser un héroe. Solo quiere salir de su país. Llegar a un lugar mejor donde podrá ahorrar para sacar adelante a su familia, que sufre en Irak.

Este viaje además me introduce en el autor. Un escritor sensible, con una inmensa capacidad de retratar los sentimientos de los protagonistas con pocas palabras, de descubrirnos paisajes, lugares y personas en breves párrafos.

Y tras Saad Saad, me encuentro con Joseph. Y Joseph es “el hijo de Noé”. Otro viaje. Otra aventura por la supervivencia. Esta vez lo encuentro en, sorpresa, una librería de Huesca, y sorpresa, en el francés original.

Y sigo a Joseph en su tránsito hacia la adolescencia, en una doble vida que esconde el más peligro secreto. En una adaptación a los ritos cristianos mientras, por la noche, se sigue instruyendo, junto al Padre Pons, en las tradiciones hebreas

El también viaja, aunque no sepa el porqué, viendo sobre sus ojos de años lo que pasa alrededor suyo sin acabar de comprenderlo.

Ahora que tengo frente a mí estos dos libros. Los dos evocando un gran viaje de la historia de la humanidad, los dos transmitiendo el viaje de una persona solo deseo poder encontrarme el tercero de los viajes narrados por Schmitt.

No lo voy a encargar. Estoy seguro que me encontrará en el lugar más insospechado, para llenar las horas de otro viaje, el mío hacia un lugar ahora, y todavía, no definido.

viernes, 28 de enero de 2011

Invisible

Vacaciones...qué hacer...qué leer... Me encuentro mirando la estantería. Muchos libros pendientes. Y de repente, encuentro Invisible. Auster para mi puede ser un acontecimiento, un estremecimiento o, una tremenda decepción. Es mi Sabina en escritor. Sé que, probablemente no escribirá nada que me guste tanto como lo que ya ha escrito. Pero tantos años de buenos momentos, tantos años de tocarme el corazón y de incitarme a imitar su forma de escribir, merecen el comprar su nuevo libro. Escuchar su nuevo disco. Así que tengo Invisible y tiempo. Una tetera, un buen sofá, la luz adecuada y las madrugadas. Y me encuentro otra vez con él. Desarrolla la historia en varios planos. La historia de un brillante estudiante de letras en Columbia. Este brillante estudiante cuanta la primera parte en primera persona, para luego, dejar paso a un narrador externo, un antiguo colega de universidad que, a través de la lectura de un manuscrito. pone voz a la historia de nuestro protagonista. Y te atrapa. La historia te atrapa. Necesitas saber más. Necesitas que el protagonista te cuente más cosas de su vida. Y en parte lo hace. Faltan fragmentos. Elementos que te permitan saber si ha disfrutado de una vida adulta plena, si realmente, ese brillante estudiante ha lamentado lo que hizo o lo que no hizo durante toda su vida. El final. Supongo que a cada uno le gustan los finales de forma diferente. A mí, me parece embarullado, en cierta parte innecesario y mal conectado con el hilo de la historia. Tal vez a ti te guste.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Mi Equipaje

Y hoy empiezo a preparar mi equipaje.
De una forma similar empecé el trayecto que ahora voy a emprender en el sentido contrario.
Varias cosas son ahora diferentes.
Tengo la misma bolsa roja, y la pequeña mochila, pero también 100 kilos para un baúl hecho a medida y otra mochila. Tengo varios documentos que hay que rellenar, alfombras, patouhs, ánforas y sillas.
También tengo más ropa, la mayoría con la marca de la implacable plancha de Nassima - la señora de la limpieza - aunque gran parte se quedará en Kabul.
Pero no es de ese equipaje del que quería hablar hoy. El equipaje en el que he empezado a pensar esta mañana de viernes es uno más pesado, aunque no haya límite para él en el aeropuerto.
Partí hace ahora un año cargando con un puñado de incertidumbres, ilusiones y algo de miedo. Dejaba un entorno conocido, para lo bueno y para lo malo, un grupo de grandes amigos que me esperan en diferentes partes del mundo, una lista de buenos restaurantes, un mapa gastado de tanto llevarlo en el bolsillo del maillot y una habitación en casa de mis padres llena de trastos, libros y recuerdos.
Y a cambio, qué esperaba encontrar en Kabul? Una guerra, grandes movimientos de gente, distribuciones, quizás una cometa volando entre las ruinas de 2,000 años, burkas, americanos, afganos, gente comprometida y gente aprovechada o que busca aprovecharse de la tragedia del prójimo.
Pues me he encontrado parte de éso. Claro que si. He visto tanques y burkas, americanos con chalecos antibalas y toyotas llenos de afganos. He visto no una cometa, sino cientos. He visto ruinas, pero también gente reconstruyendo. Me he encontrado con gente que quiere aprender, que quiere trabajar, y que si, como todos, que también quiere un futuro mejor.
He descubierto lo que es la logística sin SAP, que tengo cara de afgano, o de iraní, que las calles de Kabul están llenas de polvo y he confirmado una suposición, que hay rostros maravillosos, también en Afganistán. Sobre todo en Afganistán.
He hecho un puñado de amigos que espero llevar conmigo para siempre, he leído libros que me han gustado, y otros que que probablemente se borrarán - o se han borrado ya - de mi memoria.
He escuchado parte de mi vieja música, pero también nuevas canciones. Sé ahora que Radiohead suena tan bien en el Heineken music como en una terraza de Kabul, con la llamada a la oración acompañando.
Me llevo la satisfacción de lo que creo ha sido un trabajo bien hecho y, la pena, de no haberlo podido hacerlo mejor en ciertas situaciones.
Guardaré también un poco ese sentimiento de "y si...", aunque no como un remordimiento, puesto que, por una vez, si, por una vez, creo que he hecho de verdad lo que tenía que hacer. Lo que podía hacer.
Tengo además ahora ideas más claras sobre lo imprescindible para sobrevivir a una misión ICRC. El equipaje estándar: el tissot, la bolsa north face, la nespresso en la cocina, lo altavoces y el proyector en el salón, el botoquín con antimosquitos, paracetamol, pastillas para dormir y sales para la diarrea. El necesario blindaje que se le debe hacer al corazón para que éste no sea acribillado por la imágenes cotidianas, con la intensa convivencia con el entorno.
Guardo también un cuaderno con notas que, por vagancia, por timidez o simplemente por falta de cohesión no he traspasado a este blog y que, a lo mejor, una vez revisadas, forman parte de otra entrada. O no.
Sigo teniendo muchas incertidumbres, miedos y dudas que, espero se vayan despejando en las diferentes etapas del viaje que ahora comienzo.
Seguro que en las siete horas de vuelo a Frankfurt, sentado al lado de Thao, pensaré mujeres, lugares y olores. Si olores, de la gente, de la comida, de los perfumes, de las calles, y organizaré parte de esta vivencias, que simplemente pasarán a ser recuerdos.
Entre Frankfurt y Ginebra me habituaré a los rostros centro-europeos, a los pasillos sin suciedad, a las mujeres sin cubrirse.
Y en Ginebra empezaré a escribir mi nuevo futuro.

sábado, 31 de julio de 2010

Guantanamera II

Contaba un día lo que pasaba al viajar con un pasaporte español. Pues bueno, eso era antes del mundial. Antes de ganar a Alemania. Tres de la mañana. Embarque al vuelo de Emirates en dirección a Kuala Lumpur. La azafata me comunica que ELLA va con España. Pero desde el principio. No como la OTRA, que se ha subido al carro de España solo porque el pulpo ha dicho que ganábamos. Y llego al control de pasaportes. Y una señorita malaya, con velo, me sella el pasaporte casi sin mirarlo me desea suerte y me regala una sonrisa. Y me registro en el hotel. La recepcionista me informa que de que en una de las salas se podrá ver la final. Y tengo que volver. Y en el registro de pasajeros, la azafata me da la enhorabuena y me ofrece un buen sitio en el avión.
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viernes, 30 de julio de 2010

City of Herat

En un avión y, por esas cosas raras del shuffle, un nocturno de Chopin.
Los ojos cerrados y solo imagino cosas tristes. Se presenta viñetas en mi mente, Burdos dibujos de soldados y campesinos. También guerrilleros. Tosco papel ocre y trazos de carboncillo.
Gruesos, bruscos y potentes.
Una casa en llamas. Una vieja que llora. Su hijo muerto.
Termina la canción y empieza una de New Order.
Ahora las imágenes parecen reales. Está oscuro. Un club. No recuerdo haber estado allí.
Solo veo hombres. Por fin aparece una mujer. Me mira pero no distingo su cara. Intento que mi imaginación se acerque a ella. Es rubia. Con una chupa de cuero negra, corta, y vaqueros ajustados. También botas altas.
Dido agradece a alguien el estar con ella. Imagino su cara dulce, relajada, sonriente.
Ahora Fabulosos Cadillacs. Matador. Mi mente vuela al Campus de la Universidad de Zaragoza. Fiesta de Empresariales. Carlos, Fernando, Fernando, Mariano, Oscar, Angel y Yolanda.
Sol, gente, litros de cerveza y unas Ray-ban.
La azafata me ofrece una comida que no me apetece tomar. Solo fruta y coca-cola.
Su perfume se mezcla con el olor de la comida recalentada.
Frank Sinatra. My way.
Regrets, a few
I did what I had to do.
Une el pasado y el futuro. Qué hacer. Por qué hago las cosas como las hago?
Fools in Love, are there any other? Inara George. Escucho la letra. He sentido éso alguna vez?
Una hora de vuelo. Todavía otra hora hasta llegar a Dubai.
En el avión una mezcla de diplomáticos, contractors, ISAFs y ONGs.
Esta vez soy el único Cruz Roja.
Dudosos hombres de negocios.
Espaldas llenas de anabolizantes, nikes, vaqueros sin estilo y oakleys de ciclista.
Y el shuffle sigue. Y Ana, la de Ismael Serrano me transporta a Dundee. Victoria Chambers. Y Ana. Entonces aún se hacían cintas.
Una cara de inglesas y una de españolas. Y Ana.
La azafata vuelve a pasar. Ya llegamos. Vamos a aterrizar. Debo apagar el Ipod.
No hay fingers para Safi. El avión se detiene apartado de las terminales principales del aeropuerto. Desde el shuttle lo veo por última vez. Es el City of Herat.